Imagina una tarde de martes en la sala de reuniones de tu edificio. Entre recibos, presupuestos y el eterno “a ver si bajamos la comunidad”, alguien lanza la idea: instalar paneles y compartir la energía entre los vecinos. Silencio. Después, preguntas: ¿cómo se reparte?, ¿quién vota?, ¿qué mayoría hace falta?, ¿qué pasa con quien no quiera?
Esta guía está escrita para despejar esas dudas con un lenguaje directo y práctico, y ayudarte a valorar si el autoconsumo colectivo es la próxima mejora de tu comunidad.
Qué es el autoconsumo colectivo y por qué interesa
El autoconsumo colectivo es una forma de generar electricidad con una instalación fotovoltaica común —habitualmente en la azotea— y repartirla entre varias viviendas y/o servicios del edificio (iluminación, ascensor, garaje). Cada participante recibe un porcentaje de la energía producida y ese porcentaje se descuenta en su factura eléctrica mes a mes.
¿Lo mejor? Trae el sol al portal sin que cada hogar tenga que montar una instalación propia. Es una palanca real para reducir la parte variable de la factura y revalorizar el edificio con una mejora visible, sostenible y alineada con la normativa vigente.
Cómo organizarse (paso a paso)
- 1. Preestudio técnico y viabilidad
Antes de hablar de números, una empresa especializada debe revisar la cubierta, las sombras, el peso admisible, el recorrido de cables y el espacio para inversores y protecciones. Con eso en la mano, os propondrán una potencia orientativa y una producción anual estimada. - 2. Propuesta económica y reparto preliminar
Se presenta a la comunidad un escenario de inversión, un plan de reparto (porcentajes entre viviendas y servicios comunes) y una estimación de ahorro por tipo de vivienda. También se detalla la operación y mantenimiento (limpiezas, seguros, revisiones). - 3. Aprobación en Junta
El acuerdo se somete a votación siguiendo la Ley de Propiedad Horizontal. La norma prevé mayorías específicas para instalaciones de aprovechamiento energético y regula la adhesión posterior de vecinos que no participen de inicio. El administrador de fincas puede orientar sobre el quórum aplicable a vuestro caso. - 4. Proyecto, permisos y seguros
La empresa tramita memoria/proyecto, legalización, comunicación a la distribuidora y la ampliación del seguro comunitario para incluir la fotovoltaica como elemento común. - 5. Instalación y legalización
Se ejecuta la obra, se conectan inversores y protecciones, se colocan contadores si hace falta y se legaliza la instalación ante la administración competente. - 6. Alta del autoconsumo y reparto oficial
Se registra el acuerdo de reparto con vuestros porcentajes. La distribuidora y las comercializadoras habilitan el esquema para que cada participante reciba en su factura la energía que le corresponde. - 7. Puesta en marcha y seguimiento
Empieza la producción. Desde el primer mes veréis en la factura el descuento asociado a vuestra parte de energía. Además, tendréis monitorización para comprobar cómo va el sistema.
Reglas del juego: lo legal (sin tecnicismos)
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Mayorías y pagos
La Ley de Propiedad Horizontal permite aprobar la instalación de sistemas de energía renovable con mayorías específicas. En términos generales, paga quien participa; y quien decida sumarse más adelante puede hacerlo abonando la parte correspondiente, según acuerde la Junta. Deja todo por escrito en el acta: quién entra, cómo se paga y cómo se incorporan nuevos vecinos. -
Dónde puede estar la instalación
Lo más sencillo es que esté en la azotea del propio edificio (misma red interior). También es posible compartir una planta cercana a través de la red cumpliendo los criterios de proximidad que marca la normativa (por ejemplo, mismo centro de transformación o una distancia máxima definida). Tu empresa instaladora confirmará qué supuesto aplica. -
Con o sin excedentes
Podéis hacer una instalación sin excedentes (no vierte a la red) o con excedentes, en cuyo caso existe la compensación de la energía no autoconsumida hasta los límites que establece la regulación. La decisión afecta a la tramitación y a la economía del proyecto.
Cómo se reparte la energía (y por qué conviene pensarlo bien)
El reparto se hace mediante coeficientes: porcentajes que indican qué fracción de la producción va a cada vivienda o servicio común. Hay dos enfoques:
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Coeficientes fijos. El mismo porcentaje todo el año. Son sencillos de gestionar.
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Coeficientes horarios. Un perfil por horas que se adapta a distintos consumos (por ejemplo, dar más peso a locales en horario diurno o a vecinos con teletrabajo). Se pueden modificar varias veces al año con un procedimiento formal.
La clave es que el reparto refleje la realidad del consumo del edificio. Un buen coeficiente hace que aprovechéis más kWh y que el ahorro se reparta de forma justa.
Aspectos técnicos sin dolor de cabeza
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Dimensionado.
No se trata de “llenar la azotea” a cualquier precio, sino de ajustar la potencia a la demanda agregada del edificio para aprovechar la mayor parte de la producción. -
Sombras y orientación.
Una buena ingeniería minimizará pérdidas por sombras y optimizará la colocación de estructuras. -
Protecciones y contadores.
La instalación incorpora protecciones, comunicaciones y, si aplica, contadores para vertidos/medidas. Todo ello queda integrado y accesible para la distribuidora. -
Operación y mantenimiento.
Limpiezas periódicas, revisiones eléctricas y seguimiento. Incluid en el contrato la respuesta ante incidencias y la garantía de producción cuando sea posible.
Economía y gestión: lo que impacta de verdad
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Ahorro donde importa
El autoconsumo colectivo reduce el término de energía de cada factura. La parte fija (potencia, peajes, impuestos) seguirá existiendo, pero generar y consumir vuestra propia energía abarata el bloque mes a mes. -
Cuotas y servicios
Si contratáis operación y mantenimiento, restad ese coste al ahorro para tener una visión neta y realista. -
Excedentes
Si producís más de lo que consumís en ciertos momentos, el manejo de los excedentes (compensación, límites, acumulación) dependerá del contrato y la modalidad elegida. -
Transparencia
Exigid informes de producción y un panel de monitorización para revisar que lo instalado rinde como se prometió. Eso genera confianza y facilita ajustar el reparto si cambia la ocupación de alguna vivienda.
¿Y si tu azotea no es viable? Alternativa real: comunidad solar remota
No todos los edificios tienen cubierta disponible, estructura suficiente o una orientación ideal. Si ése es vuestro caso, existe una alternativa que logra un efecto parecido en la factura sin tocar la azotea: participar en una comunidad solar remota.
Empresas como Comunidad Solar permiten adquirir paneles en un huerto solar y asociar su producción al contrato eléctrico de cada vecino. La energía generada se descuenta en la factura igual que en el autoconsumo colectivo, pero la planta está fuera del edificio y gestionada profesionalmente. Para comunidades con azoteas complicadas o con desacuerdos internos, es una vía ágil para sumar ahorro y energía 100% renovable sin obras. Incluso podéis combinar enfoques: parte con instalación propia y parte con comunidad solar remota para cubrir más consumo anual.
Energía compartida, decisiones simples
El autoconsumo colectivo convierte tu edificio en una pequeña central renovable que trabaja en silencio todos los días del año. No es sólo una decisión energética: es una mejora económica, ambiental y de convivencia, porque enseña a la comunidad a gestionar un recurso común con reglas claras.
Si la azotea acompaña, dad el primer paso con un preestudio y un reparto bien pensado. Si no, activad el plan B: Comunidad Solar como vía remota para que el ahorro y la electricidad limpia lleguen a cada hogar del bloque. En ambos casos, el resultado se ve donde más importa: en la factura y en la sensación de haber hecho lo correcto para vuestro edificio y para el planeta.